En una frase. El BIS —el banco de los bancos centrales— acaba de escribir que la inteligencia artificial mueve a la vez la demanda y la oferta de la economía, y que eso emborrona las señales con las que se lee el ciclo justo cuando más falta hacen. No es una alarma. Es algo más incómodo: una advertencia sobre el instrumental de medida.
Empecemos por el termómetro
Imagine que es usted médico. Entra un paciente, le pone el termómetro y marca 38.
Antes de que decida nada, un enfermero le avisa: ese termómetro lleva media hora al sol.
¿Cuánta fiebre tiene el paciente? No lo sabe. Sabe que algo tiene. No sabe cuánto. Y eso cambia por completo lo que debe hacer: en vez de recetar de golpe, mide otra vez, mide de otra manera, y espera un poco antes de moverse.
El 28 de julio, el Banco de Pagos Internacionales —el BIS, la institución de Basilea donde se coordinan los bancos centrales del mundo— publicó un documento breve que dice exactamente eso. No sobre un paciente: sobre la economía global. Y no sobre un termómetro: sobre todos los indicadores con los que se lee el ciclo económico.
El hallazgo, en su fuente
El documento se llama AI and the global economy: implications for central banks (Bulletin No 130, PDF), firmado por Aldasoro, Gambacorta, Kharroubi y Rottner. Tres cosas, sacadas del propio texto y no de un titular:
1. La escala ya es macroeconómica, no sectorial. El gasto en centros de datos, semiconductores e infraestructura asociada alcanza el 0,8% del PIB en Estados Unidos y supera el 1% en Australia. Y la industria proyecta pasar de unos 500.000 millones de dólares hoy a 3-4 billones en 2030. Cuando una sola cosa mueve un punto del PIB, ya no es una historia de empresas: es una historia de ciclo.
La escala del fenómeno, según el propio BIS. Ilustración FGA sobre datos del Bulletin 130.
2. El empleo se mueve antes de que se note. Cerca del 80% de las empresas declaran ya en sus presentaciones de resultados que planean automatizar una parte creciente de sus procesos. Entre 2023 y 2025, el empleo en los sectores estadounidenses más expuestos a la IA creció 0,8 puntos menos que en los menos expuestos, y los países mejor preparados para adoptarla vieron subir su paro 0,75 puntos mientras los peor preparados lo mantuvieron plano. El propio BIS pide no leerlo de más: el desplazamiento ha sido limitado hasta ahora — es un cambio de composición, no una ola de despidos. Encaja con lo que vimos hace unos días en el dato de empleo: no están echando gente; han dejado de contratar.
3. Y lo que de verdad importa: las dos palancas a la vez. La IA empuja la demanda —inversión, comercio, bolsa, y con ella el consumo de quien tiene patrimonio— y promete empujar la oferta vía productividad. La primera ya se ve. La segunda es una promesa: en torno a medio punto al año según la mediana de los estudios, con un margen enorme y sin fecha.
Por qué un shock de IA no se parece a los demás
Casi todos los shocks económicos que hemos vivido empujan en una dirección, y por eso se pueden interpretar. Una subida del petróleo encarece y frena: sube la inflación, baja el crecimiento. Una crisis bancaria seca el crédito: baja todo. Un plan de gasto público estimula: sube todo. En cada caso, aunque duela, el indicador significa algo estable.
La IA rompe esa regla. Sube la actividad porque hay una ola de inversión enorme —eso es demanda, y calienta—, pero podría a la vez abaratar producir —eso es oferta, y enfría—. Puede subir el paro en unos sectores mientras la economía crece de verdad. Puede subir la bolsa por un motivo que, si la productividad no llega, era prestado.
Traducido: el mismo número puede significar cosas opuestas. Un dato fuerte de actividad puede ser una economía sana o una burbuja de inversión. Un dato débil de empleo puede ser una recesión que asoma o una reorganización que funciona.
Ése es el termómetro al sol. Y por eso el BIS termina hablando no de tipos, sino de humildad: gradualidad y dependencia de los datos, porque el riesgo de equivocarse existe en los dos sentidos — quedarse corto y alimentar el exceso, o pasarse y apretar sin necesidad.
El argumento entero, en una imagen
El esquema del Bulletin 130, de principio a fin: por dónde entra la fuerza, dónde se pierde la señal y qué dos errores quedan abiertos. Esquema FGA.
Cómo lo leemos nosotros: por capas
En FGA leemos el ciclo con cuatro capas —ciclo de crédito, ánimo del inversor, dinero (la Fed) y economía real— precisamente porque ningún indicador aislado merece fe ciega. Este documento no cambia el color de ninguna. Cambia otra cosa: la confianza con la que se lee una de ellas.
La capa del dinero es la afectada, y no por su nivel —los tipos siguen donde estaban— sino por su ruido: al banco central le cuesta más saber dónde está el ciclo, y él mismo lo admite. Eso tiene además fecha en el calendario: el 28 de agosto, Kevin Warsh da en Jackson Hole su primer discurso como presidente de la Fed, en un simposio dedicado precisamente a la innovación financiera. Ahí veremos si este problema ha llegado a su mesa.
La capa de la economía real se lleva una nota al pie honesta: si parte de la fuerza que se ve en la actividad viene de una ola de inversión que aún no ha demostrado producir más, un indicador aislado vale menos que hace tres años. No es un problema nuestro: es de cualquiera que lea el ciclo con un solo número.
Y las otras dos —el ciclo de crédito y el ánimo del inversor— son justo las que una ola de inversión no puede fabricar ni fingir. Por eso valen hoy lo mismo que la semana pasada, y por eso hace falta que dos capas se muevan para que cambiemos la lectura de régimen.
Ninguna capa cambia de color. Lo que cambia es la confianza con la que se lee una de ellas.
La lectura técnica, para quien quiera el detalle
Lo que sigue no hace falta para entender la idea; está para quien quiera ver de dónde salen las cifras. El documento organiza el argumento en cuatro bloques.
Uno · El impulso de inversión y, sobre todo, cómo se paga. A medida que el gasto de capital de las empresas de IA se ha disparado, su caja libre se ha reducido de forma significativa. El hueco se ha cubierto con deuda, por dos vías. El crédito privado prestado a empresas relacionadas con la IA pasó de prácticamente cero en 2016 a 200.000 millones de dólares en 2025, y de menos del 2% al 8% del total del crédito privado. Y la emisión de bonos de estas empresas subió de 79.000 millones en 2023 a 243.000 millones en 2025, sobre un total de emisión corporativa no financiera de unos 2,1 y 3,0 billones respectivamente. No es que la cifra sea enorme en términos absolutos: es que la composición de la financiación ha cambiado de sitio.
Dos · El comercio, con ganadores y perdedores muy desiguales. Los bienes con alto contenido de IA lideran el crecimiento de las exportaciones, pero buena parte del aumento es precio, no volumen. Los exportadores de la parte alta de la cadena —Corea, Taiwán, Malasia, Singapur— ganan términos de intercambio, y su renta nacional crece bastante más que su PIB real. Pero la ganancia está muy concentrada: en Corea, cinco empresas concentraron el 43% de los ingresos por exportación en el primer trimestre de 2026, frente al 27% dos años antes. Quien construye infraestructura digital, en cambio, importa ese equipo caro y ve empeorar sus términos de intercambio.
Tres · La bolsa y el efecto riqueza. El peso de las empresas de IA en la capitalización estadounidense pasó del 24% en 2022 al 40% en 2025. Esa revalorización genera efecto riqueza y sostiene el consumo, sobre todo en Estados Unidos. Los mercados con poca exposición a la producción de IA se han quedado atrás.
Cuatro · Productividad y empleo, la incógnita. La evidencia micro es favorable y tiene un matiz interesante: la IA comprime las diferencias de rendimiento, porque los trabajadores con menos experiencia se benefician más que los veteranos. Trasladarlo a productividad agregada es otra cosa: la mediana de las estimaciones está en torno a medio punto anual, con un rango amplio, y puede acumularse despacio siguiendo la llamada curva J. En el empleo, la dinámica dominante es de poca contratación y pocos despidos, con muchas empresas en fase de esperar y ver. Y aparece un problema de encaje: las economías más avanzadas en adopción muestran una relación vacantes-desempleo más inclinada — la forma técnica de decir que cuesta más casar a quien busca trabajo con los puestos que se crean.
La implicación de política, que es la razón de ser del documento. Si la actividad fuerte refleja demanda temporal y no una mejora sostenida del producto potencial, las referencias que usa un banco central para calibrar —el tipo de interés neutral, la tasa de paro de equilibrio— dejan de ser fiables. A eso se suma el frente de estabilidad financiera: la IA puede romper el modelo de negocio de sectores enteros —como les ocurrió a las empresas de software como servicio en febrero de 2026—, y el riesgo central es que las expectativas sean demasiado optimistas, con sobreinversión, mala asignación de recursos y deterioro de la calidad crediticia detrás.
La lección, que es metodológica
Nada de esto describe un ciclo roto. Describe un ciclo cuyo instrumental de medida es hoy menos fiable que hace tres años. Son cosas distintas, y confundirlas es el error caro.
Durante los próximos meses llegarán datos de actividad que parecerán excelentes y datos de empleo que parecerán preocupantes, y ambos pueden ser el mismo fenómeno. La tentación será tomar cada titular como si significase lo de siempre. El BIS acaba de decir, con su firma, que ya no significa lo de siempre.
Cuando un instrumento se ensucia, la respuesta no es fiarse más de él. Es dejar de decidir con un único número y mirar varios que no se ensucien de la misma manera. No es pesimismo: es higiene analítica.
Sigamos la conversación
Dos preguntas que dejo abiertas, las mismas que he lanzado esta tarde en el foro de antiguos alumnos del IESE:
¿Con qué indicador estás tomando decisiones este año — y qué harías si te dijeran que hoy mide peor que hace tres?
¿Notas ya en tu sector esa dinámica de poca contratación y pocos despidos que describe el BIS?
Te leo en el chat de suscriptores de FGA Macro — es el sitio para el matiz y la discrepancia, y acaba de estrenarse con este tema. También puedes responder a este correo o dejar un comentario.
Es un documento breve y está abierto. Merece la media hora.
📄 BIS, Bulletin No 130 — «AI and the global economy: implications for central banks», 28 de julio de 2026 · Para la parte de financiación, el BIS remite a su Bulletin 120, Financing the AI boom: from cash flows to debt.
Aviso. Contenido informativo y divulgativo: análisis de ciclo y lectura de documentos públicos, no un servicio regulado de inversión. No es asesoramiento ni recomendación —general o personalizada— ni señal de compra/venta. Los resultados pasados no garantizan resultados futuros; invertir conlleva riesgo, incluida la pérdida total del capital.
Independence. Capital. Conviction. · FGA Research & Advisory · Est. 2006 · 33 años de estudio




